Clasismo y discriminación
Compramos una vivienda de obra nueva a través de Gilmar atraídos por la imagen de gran promoción exclusiva que proyectan y la supuesta seriedad como inmobiliaria.
Sin embargo, detrás del marketing solo hay una realidad desastrosa: la obra está fatal acabada y llevamos 15 meses de retraso acumulados.
Mientras ellos siguen promocionando el lujo, nosotros estamos sin casa, malviviendo en viviendas de familiares y amigos.
Lo más doloroso es el desprecio absoluto hacia nuestra situación.
Gilmar siempre ha sido conocedor de todas las negligencias cometidas por la promotora, que han ocasionado el retraso monumental de la promoción.
En estos últimos días, Gilmar conocía los problemas en el Registro de la Propiedad con la inscripción de la promoción (que retrasaría durante meses la entrega) y, en vez de contestarnos y aclararnos la situación por correo, prefirieron guardar silencio.
Hemos constatado que Ignacio contacta con prioridad a vecinos que compran sin hipoteca para agilizar sus firmas.
Nos comparan con otros compradores que "no dan ruido", olvidando que para esas personas es una segunda residencia, pero para nosotros es nuestra primera vivienda. No es "hacer ruido", es defender nuestro derecho a un techo.
Tras acudir a la oficina a exigir una alternativa habitacional ante este retraso inasumible, nos prometieron una respuesta en 24 horas. Tres días después, Patricia sigue sin contestar.
Parece que en Gilmar solo recibes respeto si eres rico y no reclamas.
En cuanto haces valer tus derechos ante sus mentiras, pasas a ser "persona non grata".
Es indignante que una inmobiliaria que presume de estatus trate con semejante arrogancia a quienes simplemente exigen lo que han pagado. Una decepción absoluta.

Risposta di GILMAR - Malaga






